¿Mantener la dieta a qué precio? Esta es la pregunta que me he hecho después de que una amiga se negara a venir a cenar a uno de los restaurantes Paseo de Gracia porque sabía que si venía se iba a saltar la dieta. Así de claro y de duro.

¿Hasta qué punto estábamos obsesionados con mantener el cuerpo perfecto que somos capaces de renunciar a pasar un rato agradable con nuestros amigos porque eso puede perjudicar a nuestra belleza física?

Porque claro, no estoy hablando de dietas que se hagan por temas de salud sino de aquellas que se siguen por simple amor al arte, porque se quieren perder un par de kilos de cara al verano o porque se tiene una visión distorsionada de nuestro cuerpo.

¿Y qué hay de la sociabilidad? ¿De los amigos? ¿De las cosas más importantes de la vida como pasar un rato con la gente  a la que queremos?

No sé vosotros pero yo prefiero tomarme uno o dos helados aunque eso signifique tener el culo más gordo y disfrutar de mis amigos que quedarme en casa sola pero con una cintura de avispa. Llamadme rarita pero creo que nos hemos vuelto locos con el culto al cuerpo y que nunca debería estar por encima de las personas.