De un tiempo a esta parte la sociedad catalana está apostando por hobbies que no tienen nada que ver con las nuevas tecnologías, al contrario, son aficiones que ya tenían nuestros abuelos, bisabuelos y hasta tatarabuelos.

“Hemos notado que la gente ahora prefiere volver a aprender cosas que debido a los avances de la sociedad se habían estado perdiendo, como una forma de reencontrarse con sus orígenes”, señala Magda Valverde, especialista en ocio y tiempo libre.

En este sentido, uno de los hobbies que más éxito está teniendo es el de los cursos de ganchillo, a los que cada vez se apunta más gente.

“Los cursos de ganchillo se están consolidando como una de las aficiones preferidas por la sociedad catalana dado que es un gran método para combatir el estrés y ayudar a que las personas desconecten de su día a día”, explica.

De hecho, las personas que llevan tiempo haciendo cursos de este tipo afirman que se sienten mucho mejor consigo mismas desde que los practican.

“He probado toda clase de hobbies pero los que más me gustan son los más antiguos digamos. Los talleres de barro, en los que te explican cómo confeccionar artesanías, o los de ganchillo, en los que puedes aprender a hacer tu propia ropa, son útiles y relajantes”, explica Mónica Font, una catalana de 40 años.